The Pianito Man

Estoy más que segura que hablaré de un tema que afecta a casi todo el que vive en edificios:

Odio a quiénes viven arriba.

Y creo, realmente, honestamente – sin estar haciendo uso de mi exceso de sentimientos – que mi odio es justificado. Sin contar el volumen altísimo con el que mira televisión absolutamente todos los días de semana, al rededor de la una o dos de la mañana (más o menos el horario en el que decido apartarme del mundo por lo que “queda del día”), y que además estoy casi completamente segura que esa tele del infierno miradora de canales de aire se encuentra justo arriba de mi cama….

Respiro hondo… y sigo:

Sigue leyendo

Vamos Barbie

Últimamente tengo desiciones extrañas en la compra de ropa. Qué compro, dónde compro, por qué compro.
No es secreto que tengo muchos mambitos con mi cuerpo y con los de los demás, a decir verdad.
Tampoco es un secreto que casi no tengo idea de mis medidas, casi nunca, ya que a las mismas les gusta moverse, casi tanto como a mi no. Irónica o inversamente proporcional.

La única “teoría” que logré desarrollar con el tiempo es la medida en la que la vestimenta es nuestro disfraz diario.
Razón por la cual me saqué el piercing para borrar una primera impresión. Razón por la cual nunca me tatué. Razón por la cual me está agradando el pelo largo y su maleabilidad.

Cómo en la música, las películas, los libros, los amigos y las salidas: no me ajusto, ni circunscribo a nada.
Todos los días una hoja en blanco, dispuesta a todas las posibilidades y combinaciones que la tela pueda ofrecer, jugar con la forma, los colores y las texturas.

Sigue leyendo

La buena pipa

Hay una sola cosa que me sale decir en cierta situación. Cierta situación que creo que hasta hoy se me dio alrededor de tres veces. Pero en sí, todos tenemos la latencia, pero en sí, creo que algún día alguien me va a callar y decir exactamente las mismas palabras. A veces una se cansa del cuentito de “tengo que cambiar”, te pudrís de escuchar al ser querido repitiendo que no tiene ganas de hacer tal o cuál cosa más. De sentirse mal consigo mismo y querer dejar atrás las malas costumbres, las malas acciones, los malos hábitos. Para después, tal vez cinco segundos después, respirar hondo, tragarse las palabras y hacer justamente lo contrario a lo que dijo.
Y las primeras veces me la comí y creí. Más tarde, asentí y no dije nada. Otra vez mandé a la mierda y pedí que no me mintieran más. Alguna vez directamente no escuché. Finalmente encontré las palabras justas.

“¿Sabés? No me repitas más eso, no me lo repitas a mí, no se lo repitas a nadie. Simplemente, un día levantate y hacelo. Nada más. O mejor dicho, un día levantate y no lo hagas. Y al día siguiente también, al día que le siga, lo mismo. Yo ya no quiero escuchar nada y vos tampoco querés escucharte nada más. Así que una mañana, dónde te sientas más fuerte y con más confianza, tomá el primer paso, aunque sea el paso más chiquitito que haya dado un ser humano sobre la tierra.”

Tal vez nunca lo haya dicho exactamente así, pero siempre es lo que quiero decir cuando empiezo diciendo, ¿sabés? no me lo repitas más, simplemente hacelo.

Tus hijos me llamarán Tía

Uno siente que la pendejada se va pasando cuando ciertas ideas no parecen tan lejos ni imposibles.
Atravesamos un momento dónde la fantasía infantil de la familia feliz se desdibuja, se hace menos luminosa y menos fácil y entramos en el cinismo, en el “yo no tengo pibes ni a palos”, “falta muchísimo tiempo para eso”, “¿Para qué me casaría sino conozco padres que sigan juntos?”

Sin embargo, ni siquiera tan grandes, encontramos un alguien que nos cierra la boca. Osea, la persona no cambia nuestro pensamiento, lo que sentimos por ella: Sí.

Son los seres que nos vuelven orgullosos panqueques que se tragan las palabras y por las cuáles tenemos sueños que una vez fueron considerados nefastos, pero que de un momento a otro nos despiertan con una gran sonrisa en la cara y con ganas de seguir soñando con los ojos abiertos. “Por vos, panquequeo hasta en mis creencias religiosas. Por voz panquequeo mi equipo de fútbol y escucho esa banda a la que hice la cruz, una vez, por allá, adolescente y desdichada.”
Y no solo panquequeamos en pareja, también panquequeamos por amor a la amistad. Y te encontrás, cuál estúpida pero tierna-tiernísima a la vez, diciéndole a una amiga que en su casamiento adorarías usar traje. Soñando que un amigo se casa y que te estás comprando un vestido en Las Pepas (azul hermoso) para ir. O pleaneando con una de las más queridas en que año ambas vamos a quedar embarazadas de dos nenas hermosas (y que si salen hombres, seguramente saldrán gays), diciéndonos una a la otra “Tus hijos me llamarán tía”… porque también estamos pasando por la edad en la que te das cuenta que familia no es pareja, hijos y los que comparten tu sangre. Familia es otra cosa y es posible elegirla.