Vamos Barbie

Últimamente tengo desiciones extrañas en la compra de ropa. Qué compro, dónde compro, por qué compro.
No es secreto que tengo muchos mambitos con mi cuerpo y con los de los demás, a decir verdad.
Tampoco es un secreto que casi no tengo idea de mis medidas, casi nunca, ya que a las mismas les gusta moverse, casi tanto como a mi no. Irónica o inversamente proporcional.

La única “teoría” que logré desarrollar con el tiempo es la medida en la que la vestimenta es nuestro disfraz diario.
Razón por la cual me saqué el piercing para borrar una primera impresión. Razón por la cual nunca me tatué. Razón por la cual me está agradando el pelo largo y su maleabilidad.

Cómo en la música, las películas, los libros, los amigos y las salidas: no me ajusto, ni circunscribo a nada.
Todos los días una hoja en blanco, dispuesta a todas las posibilidades y combinaciones que la tela pueda ofrecer, jugar con la forma, los colores y las texturas.

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Dancing burger

Y durante la semana escucho música que me da ganas de bailar y es martes (estoy quemada), pero por esas cosas de “relax postparcial” si alguien me dice bailemos, yo digo dónde. El fin de semana Mariano me putea por falta de fiesta en mi alma. Cómo me putea todos los viernes por mi falta de copez y alegar cansancio laboral.
Hoy en día tengo que aceptar que soy de las que se ortivan y se van. La que pinta cara de orto, la que piensa si se larga a llover lo tremendamente complicado que va a ser volver a casa. Me hamburguesé porque la fiesta de la soltería solo me duró seis meses.
O será capaz…  (hola lado positivo, yo sabía que en algún lado estabas) ¿que mi timming es extraño y a mí el baile me pinta en subtes y colas de banco, los martes o los miércoles y no los fines de semana cómo es requerido que queramos?

El cuentito de la cuca

“Tenés que hacer una mezcla en volúmenes iguales de harina, azúcar y ácido bórico.

Con eso, no te la tomes, sino que rellená tapitas de gaseosa y ponela abajo de la mesada, arriba de los aparadores, en esos rinconcitos.
La comen, se van enfermando, mueren y las otras cucas que se comen a sus pares van enfermando.
Así a poquito no queda ninguna.”
Anónimo.

Cuál Juana Molina

A veces sentirse rara se vuelve un sinónimo de sentirse bien. Cuando se está rara, no se está mal, solo se está vibrando entre varios estados distintos. Estados que… pueden no tener coherencia entre sí, pero al mismo tiempo saber albergarse juntos, al ladito, tomados de la mano, mirando el mismo horizonte, con el mismo atardecer. Hace un tiempo que dejé de tener miedo, hace un tiempo que decidí borrar a la incertidumbre de la lista de invitados en mi continua (y atestada) fiesta de pensamientos.
Es como cuando llegué a Buenos Aires hace seis años y en el mar de autos, malos humores, apuros y velocidad en la palabra me di cuenta que mi armonía es nerviosa, fluctuante y contradictoria.
Dos posibilidades: no tengo ni idea lo que es la armonía o todo se encuentra en tal estado de cambio que armonía hoy en día puede ser no dejar de moverse, negarse a irse a dormir y jamás, jamás, dejar de tratar de ganarle al destino tratando de adivinar lo que él tiene pensado para todos nosotros.