Cita

…. el chegusán.
Me desperté en medio de la noche, transpirando. Me dolía todo alrededor del cuerpo y la cintura, el estómago también, obviamente.
Por un segundo creí que estaba poseída.
Tomé agua y un poco me relajé.
Acto seguido, pensé “capaz que esto es tener una apendicitis” (sí, me dolía el costado también)
Me destapé. Al rato me quedé dormida.

Chegusán; sos demasiado para mí.

Se ve que muy bien no me cayó….

La buena pipa

Hay una sola cosa que me sale decir en cierta situación. Cierta situación que creo que hasta hoy se me dio alrededor de tres veces. Pero en sí, todos tenemos la latencia, pero en sí, creo que algún día alguien me va a callar y decir exactamente las mismas palabras. A veces una se cansa del cuentito de “tengo que cambiar”, te pudrís de escuchar al ser querido repitiendo que no tiene ganas de hacer tal o cuál cosa más. De sentirse mal consigo mismo y querer dejar atrás las malas costumbres, las malas acciones, los malos hábitos. Para después, tal vez cinco segundos después, respirar hondo, tragarse las palabras y hacer justamente lo contrario a lo que dijo.
Y las primeras veces me la comí y creí. Más tarde, asentí y no dije nada. Otra vez mandé a la mierda y pedí que no me mintieran más. Alguna vez directamente no escuché. Finalmente encontré las palabras justas.

“¿Sabés? No me repitas más eso, no me lo repitas a mí, no se lo repitas a nadie. Simplemente, un día levantate y hacelo. Nada más. O mejor dicho, un día levantate y no lo hagas. Y al día siguiente también, al día que le siga, lo mismo. Yo ya no quiero escuchar nada y vos tampoco querés escucharte nada más. Así que una mañana, dónde te sientas más fuerte y con más confianza, tomá el primer paso, aunque sea el paso más chiquitito que haya dado un ser humano sobre la tierra.”

Tal vez nunca lo haya dicho exactamente así, pero siempre es lo que quiero decir cuando empiezo diciendo, ¿sabés? no me lo repitas más, simplemente hacelo.

Un mal sueño

Metafóricamente sería algo así:

Sos como un nene, chiquito, nuestros padres son amigos. Se juntan a cenar, nos ponen juntos en la mesa de al lado, the kid´s table. Nos sentimos solos, en nuestros mundos y nos unimos. Jugamos un rato, te hago reír, parecés tímido, pero no… no lo sos, solo sos de esas personas que les hace falta un ratito para tomar acelero en las palabras, ritmo mejor dicho. Jugando, podés ser malo, tirarme del pelo, empujarme corriendo, pero no me importa, algo me da confianza y perdono, sigo riendo, me divierto aunque no sea del todo bueno.

De repente, más padres llegan con sus niños y la mesa de los chicos se acumula. Más caras, más sonrisas, nuevas personitas, las ves, te llaman la atención. Yo, niña desenvuelta en las palabras, hago trato y te introduzco, te ayudo a que tomes de vuelta ritmo y cuando lo hacés….pum… ya no soy necesitada. Jugás con los nuevos niños, que puede que sí, que se desenvuelvan más naturalmente que yo, que no necesiten tanto de las palabras y que sean más “copados” con simplemente actos. Yo sonrío, no puedo dejar de sonreír, al fin y al cabo, lo que te haga feliz, de alguna manera también me hace feliz: por más aparte que quede.


Finalmente, uno de los niños se duerme, otros dos van a ver la tele, alguno se va temprano con sus padres y otra vez, en la mesa, vos y yo. Me mirás, te acordás que estaba ahí y vuelvo a no parecer tan mala opción. Quiero mostrarme ofendida, pero me decís que me querés y yo te creo, porque sé que no sabés mentir.
Solo sos un niño, pequeño, que no sabe manejar sus impulsos. Un niño pequeño en un mundo lleno de gente. Un lindo pendejo egoísta. Y yo una regordeta pendeja esperando que le digan todo lo que quiere escuchar, siendo un te quiero, uno de los items más importantes de la lista.

Maravillada con el objeto de estudio.

Cuando estuvo todo listo y ella dijo acción: lo vi.
Estaba ahí lo que la conjunción de muchas cabezas supieron dar forma.
Me dio impresión, se me puso la piel de gallina, por un momento creí que iba a llorar.
Dicho esto, me da verguenzita, pues lo creo un pensamiento tan snob como idiota: Pero nunca, nunca me va a dejar de asombrar como de los pensamientos se pasan a las palabras y como la palabra se traduce en imagen.

El momento fantástico dónde la idea de un par, se vuelve imagen visible para todos. Eso era lo que imaginamos. Y ahora, en segundos nomás… cualquier ojo puede (de alguna manera) entrar a la cabeza que cranea a observar una pieza final.
Como dice la canción de Bowie:

Waiting for de gift of sound and vision.

Estoy simplemente, maravillada.