Una foto vieja

Sacala a pasear. Divertila, hacela reír. Abrazala fuerte y no la sueltes.
Contale una historia, contale todos los capítulos escritos de la historia.
Bañala en sol y llenala a besos. Divertila un poco más, que si se ríe mucho la sonrisa le brilla.
Encontrala en la misma esquina dónde yo la dejé. Gritale su nombre y corré a su encuentro.
Ella va a correr también y su cabello se despeina bello. Su falda plisada se mueve al viento.
Le gusta abril para salir. Le gusta abril para que la encuentren en esa esquina.
Y en la esquina me quedo yo. Con una mantita y un libro lindo. En la esquina voy a esperar hasta que nosotras volvamos a hacer posta. La una de la otra. La otra de la una. En la esquina siempre una, en el mundo siempre otra.
A ella le gusta a Abril. Y que la saquen a pasear.

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Intriga de predestinación

Sobre todo en los textos que nos hicieron y nos harán leer para historia del cine (y en un par más a decir verdad) sucedía este tipo de cosas. Un par de fotogramas, seguidos y lo que en esos fotogramas pasaba. Honestamente, nunca hice la de leer el texto que hablaba de tal película, con la película susodicha, pero tengo recuerdo claro de la explicación de Intriga de Predestinación con los fotogramas del principio de una película… ehm, no es tan claro, porque no me acuerdo que peli era y así es como me va en la facu.

Yo, hoy, debo admitir, que la flasheé al encontrar con una foto, y que tuve un momento ME AND YOU AND EVERYONE YOU KNOW (la protagonista hacía arte audiovisual a base de fotos de parejas y momentos románticos-odio-esa-palabra), y me inventé los últimos tres fotogramas o últimos segundos de mi película, esa que fue una cagada y que la segunda y tercera parte nadie debería verlas (ni deberían haber existido realmente). Sigue leyendo

Evasión sentimental

Cae la ficha, pero no arrastra otra que haga caer a la siguiente y así ganar el premio. Cae la ficha, pero en el momento poco indicado, y queda ahí olvidada. Cae la ficha como las otras, pero somos un jugador compulsivo con mucha mala suerte. Un poquito de olor alcohol, otro poco de mal de amor, mucho pedazo de tendencia a la mala elección, o tal vez, a la falta de la misma. Al haber dejado sin llave el paso del impulso al acto, del pensamiento a la boca que pronuncia.

La hora mágica de cnel díaz.

Una descarada con un vaso plástico lleno de fichas, la playa al costado, los juegos enfrente, un sueño de sol de día, una solitaria en la noche. Deambulando sin rumbo por las alfombras carmesí. Allá va, caderona y perdida. Altarena y decidida a dejar que no se note jamás sus ganas de llorar, la búsqueda de un abrazo y el reincidir en embriagarse otra vez por los chistes vacíos, las sonrisas confianzudas y el hermoso, interminable y vasto arte de la evasión sentimental.

No existe noche que no regrese cansada a su habitación, rendida de sueño, mareada de promesas y repitiendo mientras camina, el mantra que la deja seguir sin pensar: “Quedate tranquila, que mañana, de alguna manera, van a estar, dobladas y planchadas junto a tu ropa limpia: las nuevas energías para seguir probando la suerte un día más.”