expopiel

A mi sola, a mi solita, sola, únicamente…  y no es para mandarme la parte, pues me encantaría compartir este podio.  Solo en este cuerpo de marcas y cicatrices no creíbles ocurren este tipo de hechos.
Una situación digna de una briyit youns porteña y de grasita no buscada sino renegada.  Un aparataje de los que vengo acostumbrada desde el principio de mi existencia y que incluyen abrazar señores que no eran mi papá en la infancia, caerme de cuatriciclos en la plena adolescencia y bueno: esto. Ahora.

Mirá que me pareció escuchar el ruido y pensar, cuando me bajo del taxi me fijo.
Mirá que por alguna razón dudaba en sacarme el saco, aún cuando no tenía frío, sino al contrario.
Mirá que yo sigo creyendo en la bondad del extraño y siempre pensé que de pasarme algo así alguien me tocaría el hombro y me diría algo así como: ey …piba, eso es a propósito?

Ocho de Agosto y Museo Bellas Artes. Muestra de Berni y sin campera:
Caminando durante veinte minutos con el tajo de la pollera roto hasta el tajo que mis padres concibieron.

Yo sé que tenía medias, pero la bombacha ni siquiera era negra.

(Ya que se vino la expopiel sin querer, mandamos una que al menos fue queriendo.)

Elige tu propia ventura.

Tres cartas, a la nada misma, pero con cuatro o cinco nombres viniendo a la cabeza a quiénes podría encabezarlas.

CARTA UNO
Quiero presentarte a los dos componentes que van a sumarse a tu vida:
Ella es Mente, querida por contradictoria. El es Cuerpo, querido por imperfecto.

CARTA DOS
Hablaría desde la euforia misma, pero ya nos han hecho entender que es una práctica indeseada en la dama.
En la bonita, bella, divina señorita de rizos dorados y ojos redondos, sinceros y profundos que se esconde dentro de mí.
Lo juro: no soy solo malas palabras, “yayo-chistes” y gestos obsenos.

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Hilado a mano

Tengo una coraza de masa y un caparazón de mazapán. En los tecnicismos de la nutrición se encuentra la preocupación, de un hecho consumado, desmedido y alterado: un fin horrible y viscoso en el ámbito del azulejado vicioso, dónde las cosas terminan y la suciedad se extermina.
¿Pero que sentido puede tener el azúcar y la miel, repartidos en la piel de una histeria teñida de mi seguridad blanda y vencida?

Perdí la dulzura. Soy como las cortinas que se escurren en mi bañadera: De un tejido hilado a mano, para romperse por descuidos y ensuciarse en el olvido. Ajeno y propio. Ajeno y apropiado. Que el próximo apropiador asome intensiones en el asunto pronto. Prontamente.