Cuál Juana Molina

A veces sentirse rara se vuelve un sinónimo de sentirse bien. Cuando se está rara, no se está mal, solo se está vibrando entre varios estados distintos. Estados que… pueden no tener coherencia entre sí, pero al mismo tiempo saber albergarse juntos, al ladito, tomados de la mano, mirando el mismo horizonte, con el mismo atardecer. Hace un tiempo que dejé de tener miedo, hace un tiempo que decidí borrar a la incertidumbre de la lista de invitados en mi continua (y atestada) fiesta de pensamientos.
Es como cuando llegué a Buenos Aires hace seis años y en el mar de autos, malos humores, apuros y velocidad en la palabra me di cuenta que mi armonía es nerviosa, fluctuante y contradictoria.
Dos posibilidades: no tengo ni idea lo que es la armonía o todo se encuentra en tal estado de cambio que armonía hoy en día puede ser no dejar de moverse, negarse a irse a dormir y jamás, jamás, dejar de tratar de ganarle al destino tratando de adivinar lo que él tiene pensado para todos nosotros.

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De domingo.

(Sacadas en domingo. Sacada en un lunes/martes)

(man)

Por los errores de cálculo, por las yemas quemadas, la falta de desición y el odio desmedido a saber que otra vez faltan cinco nefastos días:
Te diría que a veces quisiera volver todo a la normalidad.
Linda, bella, preciosa normalidad.
En palermo, almagro, caballito o colegiales. Toda tu rara normalidad, y toda mi sensación de seguridad.

Eras mi mantita azul.

Con amor y sordidez

Esmeralda, finales del 2008, en la terraza de la pensión de Almagro.
Celeste vivió allí un tiempo, ella nos presentó y aún cuando ya se había mudado le gustaba pasar a visitar a las personas con las que se había encariñado.
Tomamos chocolatada y comimos pan con manteca. Celeste recibió un llamado que la había incomodado. A mi cámara le quedaraqn entre 6 y 8 fotos de un rollo de diapositivas, Esmeralda se volvía a Ecuador esa misma semana, era la última oportunidad de sacarle fotos.
También era la última oportunidad de que me tirase las cartas.
Honestamente, no recuerdo si todo lo que cito ocurrió en una o más tardes.
Pero Esmeralda: la ecuatoriana, hija de franceses, heavymetalera y vidente (corrijanme si me equivoco), me dijo un par de cosas de mi futuro y se dejó sacar un par de fotos en una tarde de sol.

Diez