La música es un arma de múltiples filos

El problema de base es que el silencio no ayuda. Nunca lo hizo. Me acostumbré a caminar con los “cascos”, a prender la compu ni bien llego a casa (a veces hasta sin sacarme la música de los oídos antes de hacerla ambiente, a veces poniendo la misma canción para la sensación del continuado). Y en el silencio deposito los miedos. Entonces, silencio no. Silencio solo para dormir. O estudiar. O nada.

Pero la música che… con todo tengo problemas. Estar escuchando Beach Boys o “Happy Toghether” de The Turtles me suena a chiste, a que alguien se está riendo de mí en algún momento. Trato de evitar el bajón musicalero lleno de letras de replanteos y pasados y cosas, cosas tan chotas que de chotas zarpadas son. Evitemos las voces de minitas, evitemos las canciones para llorar como las de Adele, evitemos las canciones para llorar con odio como las de Fiona. Evitemos todo eso.

Podría querer poner música bien arriba. Las del engaño, las que ayudan para la evasión, pero me darían ganas de salir y me arrepentiría mañana. O peor aún, nadie se coparía y me quedaría en casa con ganas de luces de colores y pensando que tan inteligente sería ir a comprar cerveza a las once de la noche en un día de semana (aunque la gente supuestamente sale los jueves… “la gente”).

Y por último, la categoría musical en la que sin importar estilo, idioma, onda y cantante, una ya le atribuyó un sentimiento y un recuerdo. Un nombre, una cara y una situación. Un algo que realmente pasó, más un todo florecido y enloquecido de pensamientos que se usan para enmarcar, rellenar, y consolidar lo que podría haber sido solo un momento en una historia con principio, nudo y desenlace. En otro capítulo de mi novelón.

Así que acá estoy. Presa del random del player y presa del random de mi cabeza.

Hoy la música es un arma.

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The Pianito Man

Estoy más que segura que hablaré de un tema que afecta a casi todo el que vive en edificios:

Odio a quiénes viven arriba.

Y creo, realmente, honestamente – sin estar haciendo uso de mi exceso de sentimientos – que mi odio es justificado. Sin contar el volumen altísimo con el que mira televisión absolutamente todos los días de semana, al rededor de la una o dos de la mañana (más o menos el horario en el que decido apartarme del mundo por lo que “queda del día”), y que además estoy casi completamente segura que esa tele del infierno miradora de canales de aire se encuentra justo arriba de mi cama….

Respiro hondo… y sigo:

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Vamos Barbie

Últimamente tengo desiciones extrañas en la compra de ropa. Qué compro, dónde compro, por qué compro.
No es secreto que tengo muchos mambitos con mi cuerpo y con los de los demás, a decir verdad.
Tampoco es un secreto que casi no tengo idea de mis medidas, casi nunca, ya que a las mismas les gusta moverse, casi tanto como a mi no. Irónica o inversamente proporcional.

La única “teoría” que logré desarrollar con el tiempo es la medida en la que la vestimenta es nuestro disfraz diario.
Razón por la cual me saqué el piercing para borrar una primera impresión. Razón por la cual nunca me tatué. Razón por la cual me está agradando el pelo largo y su maleabilidad.

Cómo en la música, las películas, los libros, los amigos y las salidas: no me ajusto, ni circunscribo a nada.
Todos los días una hoja en blanco, dispuesta a todas las posibilidades y combinaciones que la tela pueda ofrecer, jugar con la forma, los colores y las texturas.

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Cita

…. el chegusán.
Me desperté en medio de la noche, transpirando. Me dolía todo alrededor del cuerpo y la cintura, el estómago también, obviamente.
Por un segundo creí que estaba poseída.
Tomé agua y un poco me relajé.
Acto seguido, pensé “capaz que esto es tener una apendicitis” (sí, me dolía el costado también)
Me destapé. Al rato me quedé dormida.

Chegusán; sos demasiado para mí.

Se ve que muy bien no me cayó….

Media Pila Lu (Reloaded)

No escribiría diez canciones desde un corazón roto. No crearía algo desde el sufrimiento. Ni siquiera me gusta la perspectiva de la vida desde la tristeza.
Es mejor esperar a que la luz del sol no parezca una ironía. Si hay paciencia, hay manera de llegar al día que no haya gusto amargo después de muchas risas…
Volver a una casa solitaria y estar bien con una. Irse a dormir sin esperar un abrazo en esa última hora, si total, ya se tuvo todos los necesarios en el resto del día.
Lo que nadie dice, o al menos nadie repite, es de que las maneras de amar y ser amado aún no fueron descubiertas en totalidad.
Pocas personas se animan a contarlo, solo los que ya entendieron que todo el amor que parecía eterno se borra tanto más fácil que los mails que vas a dejar en la casilla para leerlos cada seis meses, recordar, tratar de ponerte meláncolica y febril, para darse cuenta un tiempo después que ya no tienen “ese” efecto.
Esa persona ya no tiene efecto. El mismo efecto al menos.
Y hablo por primera vez sin mala leche,rencor o dolor. Me gustan las cicatrices cerradas y rosas. Me gustan ver que si siguen sanando así de bien, en un tiempito no se verán más.

Agosto va a ser tan largo como sea necesario.