Vamos Barbie

Últimamente tengo desiciones extrañas en la compra de ropa. Qué compro, dónde compro, por qué compro.
No es secreto que tengo muchos mambitos con mi cuerpo y con los de los demás, a decir verdad.
Tampoco es un secreto que casi no tengo idea de mis medidas, casi nunca, ya que a las mismas les gusta moverse, casi tanto como a mi no. Irónica o inversamente proporcional.

La única “teoría” que logré desarrollar con el tiempo es la medida en la que la vestimenta es nuestro disfraz diario.
Razón por la cual me saqué el piercing para borrar una primera impresión. Razón por la cual nunca me tatué. Razón por la cual me está agradando el pelo largo y su maleabilidad.

Cómo en la música, las películas, los libros, los amigos y las salidas: no me ajusto, ni circunscribo a nada.
Todos los días una hoja en blanco, dispuesta a todas las posibilidades y combinaciones que la tela pueda ofrecer, jugar con la forma, los colores y las texturas.

Soy mi propia Barbie, con todas las diferencias entre una Barbie y una Lu.

Pero ahí estoy, dispuesta a envolverme en tela, hacerme un “peinadito” con cintas, moños y trenzas y salir a jugar.

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