Evasión sentimental

Cae la ficha, pero no arrastra otra que haga caer a la siguiente y así ganar el premio. Cae la ficha, pero en el momento poco indicado, y queda ahí olvidada. Cae la ficha como las otras, pero somos un jugador compulsivo con mucha mala suerte. Un poquito de olor alcohol, otro poco de mal de amor, mucho pedazo de tendencia a la mala elección, o tal vez, a la falta de la misma. Al haber dejado sin llave el paso del impulso al acto, del pensamiento a la boca que pronuncia.

La hora mágica de cnel díaz.

Una descarada con un vaso plástico lleno de fichas, la playa al costado, los juegos enfrente, un sueño de sol de día, una solitaria en la noche. Deambulando sin rumbo por las alfombras carmesí. Allá va, caderona y perdida. Altarena y decidida a dejar que no se note jamás sus ganas de llorar, la búsqueda de un abrazo y el reincidir en embriagarse otra vez por los chistes vacíos, las sonrisas confianzudas y el hermoso, interminable y vasto arte de la evasión sentimental.

No existe noche que no regrese cansada a su habitación, rendida de sueño, mareada de promesas y repitiendo mientras camina, el mantra que la deja seguir sin pensar: “Quedate tranquila, que mañana, de alguna manera, van a estar, dobladas y planchadas junto a tu ropa limpia: las nuevas energías para seguir probando la suerte un día más.”

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