Stapler.

No quiero ser tratada como una niña. Menos aún, considerada adulta en full consiencia de sus actos. Por favor, no pienses en mí como una doncella en apuros (que solita puedo). Y tampoco te me acerques como si fuese una sacada feminista con la bandera de la mujer envuelta y agarrada con clavos directo a la carne: Solo nos quiero, a nosotras, mujeres.
Tratá, por favor, de hablarme en el mismo idioma, pero no uses palabras cortas pensando que son las que entiendo. Al mismo tiempo, no quiero pasarme horas oyendo acerca de nuevas teorías de las cuales solo mantengo en la mente las primeras seis palabras dichas.

Por último, no vengas a mí con miedo, por parecer arpía suelta. Maléfica villana, dispuesta a comer carne aún viva. No controlo bien mis pensamientos, nada más. Casi nunca creo que deseo lo que realmente quiero. Y tengo caprichos de niña, enarbolados con deseos de mujer. Mis sentimientos, de ellos no hablemos- con solo nombrarlos se alteran-. Y mis palabras (todas) no son un buen ejemplo de lo que realmente ocurre adentro.

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