El vals del hombre sincero

El mate se le enfría, María Pía.
¿Pero qué hace en el balcón, mirando el hormigón?
¿Como idiota hipnotizada por la ciudad y la nada?
Somos dos almas solitarias en una mañana hedonista y activista.
Anoche nos amamos, del mundo nos escapamos, pero esta mañana ya le exhijo, que nada hablar de hijos.
A la vida real hemos vuelto, aunque sus entrañas haya revuelto.
A trabajar usted a su oficina. Yo me voy en busca de otra mina.
Pues este es mi trabajo: de macho purulento,
aunque le haya hecho pensar que algo por usted siento.
Con este sol y viento, poco me queda de tiempo:
para encontrar en la ciudad, una que esté buena de verdad
Aunque su intensa mediocridad sea copada
(porque por fea no le dice “no” a nada)
Tengo solo treintantantos y treintantantos más me quedan
para darle más de esto a todas las que quieran.
Porque de este cruel e insensible mundo, debo irme
sin que me quede nada de nada de necesidad de reproducirme.
No sea fría, María Pía y no se ofenda con esta ofrenda:
Que queda mucho macho altanero, pero poco hombre sincero.

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