Hasta la rodilla

Con aquella teoría incomprobable, pero que ella asegura que así es, solo podemos apuntar a una explicación – relativamente – racional.
Nuestros prejuicios nos persiguen.

Juntos con nuestros miedos, nuestros errores y nuestras tareas incompletas. Small, medianos y extralarge: Todo obstáculo esquivado no va a hacer más que volver a buscarnos. Como cazadores, vendedores ambulantes y ex-parejas con problemas mentales; estos fantasmas saben nuestros números de teléfono, la dirección laboral y hogareña y las coordenadas justas dónde nuestros sueños se acomodan, para llenarlos de reproches.

Porque lo no resuelto vuelve, una y otra vez, hasta que la piel se engrose lo suficientemente para el enfrentamiento.
Porque todos nos podemos hacer cargo y dejar miedos atrás.
Porque la manera de pensar es maleable hoy y todos los días.
Porque alguna mañana de sábado vamos a levantarnos con las ganas suficientes de ordenar todos los papeles desornados en el escritorio- o los mil archivos en el desktop-.

Y porque con solo recordar dónde le erré, en el momento indicado, puedo volver a no pisar la misma baldosa floja y evitar POR UNA VEZ EN LA VIDA llenarme de barro hasta la rodilla en un maravilloso día de sol.

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