Hilado a mano

Tengo una coraza de masa y un caparazón de mazapán. En los tecnicismos de la nutrición se encuentra la preocupación, de un hecho consumado, desmedido y alterado: un fin horrible y viscoso en el ámbito del azulejado vicioso, dónde las cosas terminan y la suciedad se extermina.
¿Pero que sentido puede tener el azúcar y la miel, repartidos en la piel de una histeria teñida de mi seguridad blanda y vencida?

Perdí la dulzura. Soy como las cortinas que se escurren en mi bañadera: De un tejido hilado a mano, para romperse por descuidos y ensuciarse en el olvido. Ajeno y propio. Ajeno y apropiado. Que el próximo apropiador asome intensiones en el asunto pronto. Prontamente.

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