Ana Lía, su madre y su abuela.

Ana Lía está sentada afuera de su casa.
Ella lleva sentada allí más o menos todos mis años de conciencia.
Ana Lía tiene, desde que la conozco, la misma edad. Algo así como un dieciseis o decisiete. Increíble. Ella era mayor que yo y un día la alcancé. Ella y yo éramos iguales y un día fui mayor. Un día ella será menor y yo seré una señora arrugada.
La casa de Ana Lía queda a una cuadra de la mía, del mismo lado de la vereda. Al lado del portón que tiene pintada la leyenda “La Húmeda” y que hace unos años funcionó durante unos meses un puterío de poco vuelo pero mucha visita.
Ana Lía vive su vida sin levantarse de ese paredoncito que contiene el jardín de entrada a su casa.

Yo paso con seis años y Ana Lía toma mate con sus amigas. Saludo con verguenza de niña y observo a las adolescentes con anhelo.
Yo paso con diez años, es verano y ella sola, mira a la gente pasar. De la ventana del cuarto de su hermano sale a todo volumen heavy metal y ella canta. Ana Lía tiene una linda voz, aguda y dulce, hasta para el heavy metal.
Paso otra vez con trece y es de noche, voy a la librería a sacar las fotocopias para llevar al colegio al otro día. Aún sigo con el uniforme puesto. Ana Lía apreta en la vereda con novio-niño de turno. Están medio a oscuras, pero visibles y apretan, apretan mucho, se nota el calor del novio-niño. Yo no saludo, nunca saludo cuando ella apreta.
Yo paso con diecisiete años y somos iguales. Camino con amigas, en nuestras últimas vacaciones de pueblo, en el páramo veraniego cuando no se es ni polimodal ni universidad, pero se nota que nos vamos, que algo nos espera en marzo. Ana Lía está ahí, cuidando a los hijos del verdulero de la esquina. La saludo, ya sin miedo, la saludo y sonrío sincera. Ana Lía y yo somos iguales.
Paso-hoy- por la casa de Ana Lía. Ella tiene un hijito, de dos años, un hijito que fue casi concebido-gestado-parido en esa vereda. Tiene un nuevo novio-niño (sus novios, como ella, puede que le cambien la cara pero jamás la edad, ella tiene diecisiete, sus novios quince, sin importar como el tiempo pase) Según mi mamá, el novio-niño de ahora no es el papá del hijo-niño de Ana Lía.
Según mi mamá, la mamá de Ana Lía tuvo un vida bastante similar. Estudió, trabajó unos años y se dedicó a cuidar niños, sin salir de su casa.
Según mi mamá, la abuela de Ana Lía tuvo una vida bastante similar. Se casó, crió hijos y cuando los hijos crecieron y trabajaron, cuidó nietos:
Entre ellos Ana Lía.
Que para mí nacio de diecisiete y sentada en la vereda. Con el flequillo recto hacia adelante, las mejillas rozadas y una voz aguda y agradable. Dispuesta a todo repertorio y a todo el que pase por ahí y sin miedo la salude.

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