Zig-zaguear

Mirá (mi vida, mi amor, mi querida). Paso a explicarte que la cosa es más o menos así.
Entre amigas estamos, así que lo coloquial del lenguaje no debería asustarte en lo más mínimo:

Una va caminando por la luz solar del invierno, feliz- aunque sea lunes- feliz -porque el sol calma y no quema-.
El abrigo sienta bien y abraza, la música nueva sabe acompañar y el interior se encuentra engrosado en resistencia, calmo en ansiedades. En perfecta armonía. Sí, por primera vez haz alcanzado la perfecta armonía y además estás en conocimiento del hecho.

De repente…

Alguien cruza a tu vererda, la mirada insurrecta, fija en tu expresión perdida, en tu inquietud dulce y peculiar. Hacia vos va, decidido y masculino, enrarecido por la luz del día, la brisa invernal no le sientan tan bien, siendo la noche su habitat natural. Con el seño fruncido- pero confiado-, las comisuras quietas- pero casi similar a sonrientes-.

Sabés que tenés que cruzar nuevamente la vereda. Escaparte y seguir. Dejarlo solo. O al menos -ya que tanto nos cuesta tomar las desiciones correctas – dejar tu cuerpo en la misma vereda, e incitar a que tu mente huya. Ni hablar de corazón, él no debería entrar ni siquiera en esta historia.

Pero el cuerpo solo se maneja y mal no la pasa. El tema es meter la cabeza en juego, ay! sabés que es mala idea, sabés que dos cabezas no son mejor que una, sabés que la combinaciones de dos cabezas será nefasta para el mismísimo momento en el que él te sonría del todo, pase su brazos por tus hombros, camine a tu lado por la vererda soleada y más que tranquilo te diga:

– Hola, soy un hombre y estoy acá para cantarte la posta.

Y vos, casi omnubilada por ese brazo sobre tu hombro, que de repente te dice por dónde caminar y a qué paso seguirlo (sí: seguirlo, no acompañarlo), más sonriente aún, reflejando toda la luz del sol en tus ojos, y con la brisa moviendo tus cabellos divinamente femeninos por tu cuello y tu frente…. Dirás:

– Hola, soy una mujer y voy a escucharte y hacerte creer que no escuché nada de esto nunca antes. Solo porque me hacés compañía.

N. de A.: Pensando especialmente para dos de mis especímenes femeninos favoritos. No me hago cargo de las conclusiones que el texto pueda producir, sobre todo las relacionadas a mi persona.
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Un comentario el “Zig-zaguear

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