Afuera

Alguien tendría que haberte advertido. A él y otros más.

Tendría que llegarles una especie de autoresponder (o de esos que te dan la bienvenida a la nueva cuenta/suscripción), que cuente detalladamente el hecho de que me importa tres carajos como suenan mis sincericidios:
Que la verdad es la verdad y que no pienso sentirme mal por ningún tipo de sentimiento que se cruce por mis adentros.
Aclarando, muy válidamente, que tampoco soy de las que sufren eternamente como malditas condenadas con la luz apagada.  La soledad no me pesa, ni acongoja, ni presiona contra paredes con pinches… y que termino olvidándome, siguiendo adelante mucho más fácilmente de lo que (hasta) yo misma creía.

Todo bien, tomémonos su desaparición como las vacaciones de él y un mini-regreso triunfal a la nada misma. Él, yo, la nada misma y la presencia a través de mensajes a las cinco de la mañana: No pregunto, no cuenta, no soy tonta: Espero que ella tampoco.

Todo va a estar bien mientras nadie sea o se haga el idiota.

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