Con amor y sordidez

Esmeralda, finales del 2008, en la terraza de la pensión de Almagro.
Celeste vivió allí un tiempo, ella nos presentó y aún cuando ya se había mudado le gustaba pasar a visitar a las personas con las que se había encariñado.
Tomamos chocolatada y comimos pan con manteca. Celeste recibió un llamado que la había incomodado. A mi cámara le quedaraqn entre 6 y 8 fotos de un rollo de diapositivas, Esmeralda se volvía a Ecuador esa misma semana, era la última oportunidad de sacarle fotos.
También era la última oportunidad de que me tirase las cartas.
Honestamente, no recuerdo si todo lo que cito ocurrió en una o más tardes.
Pero Esmeralda: la ecuatoriana, hija de franceses, heavymetalera y vidente (corrijanme si me equivoco), me dijo un par de cosas de mi futuro y se dejó sacar un par de fotos en una tarde de sol.

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